Los franceses en Macotera

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La iglesia convertida en cuartel

No voy a hacer un tratado de historia ni soy la persona idónea ni viene al caso. Vamos a hablar de las consecuencias que tuvo en Macotera la invasión francesa de nuestro país.Los franceses, en un principio, se presentaron como amigos, incluso el alcalde de Salamanca, unos días antes de que aparecieran por la ciudad, había dado órdenes a los pueblos vecinos de que les proporcionasen alojamiento, camas, colchones, sábanas, almohadas y alimentos. El objetivo de la llegada de los franceses era invadir Portugal para dejar aislados a los ingleses y así poder someter a éstos más fácilmente. Así se lo hizo creer Napoleón a los reyes de España. Pero éste pretendía adueñarse de España sin resistencia, para colmar su ambición. Una vez que el pueblo español se percató de la jugada, se alzo en armas y declaró la guerra al francés. Uno de los territorios, que ofreció mayor resistencia al invasor, fue el término de Alba de Tormes. En dicho pueblo, apedrearon a un oficial francés y acusaron al alcalde de complicidad. Unos días después, los dragones franceses quemaron los conventos de los Jerónimos, el de las Madres Isabeles y aquellas otras casas que les negaron alojamiento y alimentos para ellos y sus caballerías.

Ésta fue la situación vivida en todos los pueblos de Alba. A los macoteranos les intimidaron bombardeando la iglesia; destrozaron una almena de la torre y la vidriera de la tribuna, arrancaron la verja de la ventana de la sacristía y se colaron por ella para abrir sus puertas, ya que no dieron con la llave. El pueblo estaba atemorizado. Una vez instalados aquí, pidieron camas, colchones, mantas y todo tipo de alimentos. El pueblo accedió a ello por miedo a represalias. Se aposentaron en la iglesia, junto con su caballería. Abrieron un foso, como defensa, alrededor de la iglesia. Hubo que reforzar los cimientos de la torre, pues estuvo a punto de desplomarse, debido al agua que se acumuló en el foso y al desprendimiento de tierras de los aledaños. Vigilaban desde las campaneras y subidos en el tejado de la torre y de la iglesia. El cura contrató un vigía para que estuviera al tanto de lo que entraba y salía del templo. Durante tres años, Macotera estuvo ocupada por los franceses, desde 1809 a 1812. En esta época, a la salida del camino de Santiago, levantaron un pequeño fuerte o puesto de vigilancia: el fortín. Fue más negra la retirada del enemigo. Antes de marchar, quemaron las puertas de las paneras de la iglesia y se llevaron todos los granos que allí se guardaban, sólo dejaron una fanega de garbanzos, porque no la vieron. Los 77 cántaros de vino, que había en la bodega de la iglesia, (la bodega honda), “los derrotaron” (los destruyeron). Como consecuencia de la tropelía francesa, hubo que reforzar los cimientos de la torre.

Socalzo de la torre

Dos mill ciento once reales de vellón costó el socalzo que se hizo de los zimientos de la torre y de la yglesia por motivo de la fuertte escabación que hizieron los franceses para cerrar la plaza y estar seguros, de forma que con la continuación de las aguas y permanencia de los fosos, amenazaba ruina, que, para evitarla, fue yndispensable fortificar los zimienttos para cuia obra se gastaron los materiales siguienttes: - 21 carros de piedra sillar de monte la casa a 30 reales uno. - 4 carros de cal para sentar la piedra a 40 reales carro. - 25 carros de rollos a 4 reales. - Portes de arena para mezclar la cal, 56 reales. - 16 días de jornal del maestro cantero, que cortó la piedra, la labró y asentó, a 6 reales por día. - 3 herradas para el uso de cal y agua. - 46 carros de rollos a 4 reales, para el enrollado que se hizo alrededor de la yglesia para aliviar que las aguas se yntrodujeran en los zimienttos de las paredes. - 10 días del maestro albañil a 11 reales. - 10 días de jornal de un obrero a 7 reales día. - 1.400 tejas del rretejo executtado en los tejados de la torre y de la yglesia, yncluso el losario, que quedó entteramentte desarmado, 165 reales. - De portes de las tejas, 64 reales; de arena para mezclar con la cal, 40 reales. - 7 cuarttones, tablillas para ripia, pellejos y sojas, clavos y 9 días de jornal a Alonso Bueno, albañil. - Una reja para la ventana de la sacristía por haberla arrancado los dragones franceses, 26 reales; un marco nuebo para la venttana e yncluso 16 reales de alambre; 12 reales al herrero por asentar la reja; 28 reales a Alonso Bueno por sentar el marco, encalarlo y dar de blanco lo esbarattado.

Escrito de la madre abadesa de las Isabeles

En él, relata la situación y pide permiso a sus superioras para que le autoricen vender parte de sus bienes para reparar los daños de la guerra: “A consecuencia de los repetidos saqueos que, en diferentes ocasiones, ha sufrido esta casa por la invasión del enemigo, se halla reducida a la mayor miseria; para apoyar basta saber que este pueblo ha sido el principal teatro de la guerra y que, dentro de sus propios muros, igualmente que en sus inmediaciones, se han dado tres sangrientas batallas, de cuyas resultas es fácil discurrir la desgraciada suerte que ha caído a todos sus habitantes; pero, en el número de los más infelices deben contarse las religiosas de esta comunidad por haberse visto precisadas, en varias ocasiones, a abandonar el convento, ya por introducirse en él las tropas francesas la noche de la primera batalla con una multitud de heridos, haciéndolo hospital de sangre; ya por haberse apoderado, posteriormente de él, para acuartelarse la artillería con sus inmensos trenes por las ventajas que, para ello, les ofrecía su situación local. De aqui resultó no sólo el total saqueo de cuanto había en el convento e iglesia, sino también destrucción casi total de su fábrica. Fue, pues, necesario para hacerle habitable gastar mucho y exigir, en calidad de préstramo, sumas considerables”.

Los Jerónimos enajenan su hacienda de Macotera

Los efectos de la guerra perjudican a los más y benefician a los menos. En Macotera, contribuyó a que varios macoteranos ampliaran su patrimonio. “Nos Fray Cándido de Serrada Vicario Presidente del Monasterio de san Leonardo, Orden de nuestro Padre san Jerónimo extramuros de la villa de Alba de Tormes, fray Lorenzo Fresnedoso, fray Antonio de Plasencia, fray Gregorio López, fray Juan de la Zarza, todos religiosos profesos de dicho monasterio, únicos que hasta el presente nos hemos podido reunir, y por los demás ausentes prestemos voz y canción de “rato grato”, que estarán y pasarán por el contenido de esta escritura so expresa obligación de los bienes propios y rentas de nuestra comunidad, muebles y raíces presentes y futuros, decimos: Que habiendo dispuesto el gobierno intruso en nuestra España la extinción de religiosos de ella, se nos hizo saber esta providencia, que nos fue forzoso obedecer en medio de las bayonetas que nos amenazaban y, con efecto, disfrados, despojados de nuestro hábito, llenos de temor y con el mayor desconsuelo y aflicción, desamparamos nuestra casa monasterio e iglesia y cuanto en ella teníamos para el servicio del culto divino, comodidad y existencia nuestra y de los criados, dejándolo todo a discreción del vil gobierno, que fomentó el orgulloso, ambicioso y soberbio Napoleón, y, justamente, han defendido con la mayor gloria nuestros ejércitos.

Se apoderaron de nuestro monasterio, haciéndolo cuartel de infantería y caballería y, de aquí, resultó haberle destrozado y arruinado hasta los cimientos. Estos insultos y cuantos la infernal idea pudiera imaginar, hubieran ido en aumento; pero la providencia y el valor de nuestras armas han dispuesto y conseguido sacar del cautiverio, en que ha estado nuestro católico y legítimo rey, don Fernando VII, por espacio de seis años. Y, colocado en su trono, se ha servido mandar reunir las comunidades, concediéndolas sus rentas y elevándolas al ser y estado que tenían al tiempo de la invasión del enemigo y de la expulsión de los religiosos. Con esta gloriosa noticia y con el deseo de acabar nuestros días en los claustros, para los que estamos destinados, recogidos en una casa particular de esta villa de Alba, señalada una ermita para la celebración de los oficios divinos y cumplimiento de coro y oraciones, hemos deliberado reedificar nuestro monasterio. Hicimos los tratados correspondientes, de los que resultó que, no teniendo otros arbitrios para poder hacerlo, que vender la hacienda raíz que baste. Resolvió dar parte al Reverendísmo Padre General de la Orden, y pedirle su licencia y permiso, quien vista tan justa solicitud, se sirvió concederla como resulta del testimonio de ella, que es como sigue

Licencia.

Y en virtud, habiendo pasado al lugar de Macotera y precedido el taso por inteligentes, hice poner y puse los competentes edictos llamando compradores, y señalando día y hora para el remate. Llegado que fue éste se verificó como mayor postor en Luis de Taramona, vecino de él, de las propiedades siguientes: Doce aranzadas de viña y nueve huebras de tierra, rematadas en cuarenta y seis mil cuatrocientos setenta y siete reales, que hoy confieso haber recibido en monedas de oro y plata”.

Entre otros beneficiarios del patrimonio de los Jerónimos se hallan: Pedro Sánchez García, que postó por una viña de tres cuartas de aranzada, y se le remató en mil ciento treinta y siete reales; Manuel Blázquez Jiménez, que se hizo con una viña de aranzada y tres cuartas y seis huebras largas de tierra, por catorce mil ochocientas treinta cuatro reales; Diego García Blázquez compró tres aranzadas de viña y una tierra de dos huebras y media, valoradas en diez mil doscientos ochenta y seis reales; Antonio Bautista Rubio se quedó con nueve huebras y cuarta de tierra por ocho mil doscientos veintiún reales, que pagó en monedas de oro y plata; Alonso Zaballos, con una viña de 192 cepas por 293 reales; Miguel Madrid, con una viña de 312 cepas, por 696 reales; Manuel Blázquez Martín, con una tierra de una huebra, por cien reales, los mismos que me pagó en cinco duros españoles; Nicolás Blázquez, con una viña de 329 cepas, en 1.803 reales; Manuel Blázquez Martín, con una tierra de una huebra, en cien reales, que pagó con cinco duros españoles; Teodoro Celador, con una viña de 1.200 cepas, en 1.200 reales, que abonó en monedas de oro y plata; Manuel Delgado y Juan García, vecinos de Santiago de la Puebla, con dos tierras, en 2.120 reales; Antonio Sánchez Bárez, con una huebra de tierra, en 200 reales, que satisfizo con diez duros españoles; Bartolomé Blázquez, con una viña de 272 cepas y una tierra de dos huebras y media, en 6.641 reales y ocho maravedís; Fernando Goméz, con tres huebras de media de tierra, en 2.794 reales; Gregorio Quintero, con una viña de 900 cepas y con huebra y media de tierra, en 3.000 reales; Antonio bautista Rubio, con una viña de 300 cepas, en 200 reales; Pedro Sánchez Bárez, con cuatro huebras de cuarta de tierra, en 4.514 reales¸Antonio Ceballos Rubio y Joseph Gutiérrez, con una viña de 468 cepas, en 825 reales y 30 maravedís, que pagaron por mitad; Juan Sánchez Bueno, diecisiete huebras y media de tierra, en 4.310 reales, en monedas contantes y sonantes; Manuel Nieto Pérez, con trece huebras de tierra, 897 reales; Pedro Walias, con huebra y media de tierra, en 150 reales; Pedro Hernández Blázquez, con una huebra y 150 estadales de tierra, en 200 reales; Diego Bautista Bárez, con cuatro huebras y media de tierra, en 3.021 reales; Francisca Pérez, con siete huebras y tres cuartas de tierra y una viña de 812 cepas, en 10.336 reales y 20 maravedís; Mateo Nieto, con cinco huebras y tres cuartas de tierra, en 1.755 reales; Agustín Ceballos y Mateo Jiménez Horcajo, con la viña “Paño de tocar” de 190 cepas, en 1.200 reales; Genaro Gómez, con diecinuevo huebras y media de tierra, en 28.025 reales; María de la O Cordero, con una viña de 737 cepas, en 3.132 reales y 18 maravedís; Antonio Hernández Martín, con una viña de 414 cepas y otra de 152 cepas, en 933 reales y 30 maravedís. Los Jerónimos vendieron en Macotera, noventa huebras de tierra y treinta aranzadas y tres cuartas de viña, por el importe de ciento veintiún mil seiscientos reales. Y una casa de planta baja a Manuel Blázquez en la calle Honda. Disponía de entrada, cuerpo de casa, cocina, sala, cuartos, lagar, bodega con tres cascos de cuba, corral, panera y cuadras, 10,600 reales. Linda por ábrego (sur) con calle Honda; cierzo y gallego (norte y noroeste) con callejuela de las Aceras; y solano, con saca de Antonio Pérez. (9 de septiembre de 1815). Se pagó el 4% de alcabala por cada compra. El recibo de expedía a mano por el alcalde Como alcalde que fuy en el año pasado 1814. Recibí de Miguel Madrid la cantidad de 28 reales procedidos de la alcabala de una viña, que compró a los Reverendos Padres Jerónimos de la villa de Alba. Y para su abono, doy el presente que firmo en Macotera septiembre 12 de 1815 Adrián García. (A.H.P.SA. Sección Notarial: Signatura 222, folios 208 - 303-)

Conflicto con el Ayuntamiento

“En la villa de Alba de Tormes, en dieciocho de septiembre de mil ochocientos doce, ante mí, el escribano y testigos que se expresarán, parecieron presentes Alonso Sánchez Bueno y Diego Sánchez Sánchez, vecinos del lugar de Macotera y dijeron: Que habiendo prestado a Adrián García, alcalde de primer voto del mismo lugar, más de trece mil reales tanto en pan como en dinero efectivo para suministros de las tropas y para sacar de la prisión a varios vecinos, que se hallaban presos en la villa de Peñaranda, de cuya cuenta les resta 4.320 reales, como resulta de cierta obligación, que, firmada por dicho Adrián y por el interino fiel de fechos, presentaron al tribunal los otorgantes, para que se despachase cierta rebeldía contra dicho Adrián como, en efecto, se despachó, y comisionó a Manuel Sánchez de este lugar de Alba, y hallándose, en poder de éste, dicha obligación y diligencia, se la quitaron y llevaron los franceses en la noche que hicieron su retirada de Salamanca; por lo cual, solicitaron que apareciese a declarar si era cierto, que les debía dicha cantidad. Y declaró ser cierta dicha deuda. En virtud de lo cual y advertidos de su derecho, otorgan poder cumplido, amplio y bastante a favor de Nicolás Gómez, Procurador de Causas de Número de Alba, para que, en nombre de los otorgantes, y representando sus peresonas, derechos y acciones, se presente en este tribunal, pidiendo se despache la correspondiente ejecución contra el citado Adrián” . (A.H.P.SA. Sección Notarial, signatura 220, folio 331)

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Articulo extraido de la bibliografía de Eutimio Cuesta Hernández sobre Macotera. Cedido voluntariamente por el autor macoterano. Muchas gracias por colaborar en este proyecto.